Por Raquel Holway* Bella Vista, eran mis pagos de chica. Los Macri eran de Bella Vista, vivían en la villa Rafael Obligado, calle Senador Morón, al fondo, donde tenían una heladería desde donde repartían helado en bicicleta. Junto con Jorge Mazzocco, Mauricio abre el Jardín de Paz Bella Vista. Estos cementerios privados corren con la fama de haber sido creados para esconder cuerpos de desaparecidos. Mi padre, a Mauricio le había prohibido la entrada al Club Hípico. Después, no quedó nada: los caballos fueron robados, como casas, departamentos, fábricas, autos, así hicieron la plata los Macridada con sangre en la dictadura. Le debo la muerte de mi padre a los Macri y de amigos de Bella Vista. Y el robo de las propiedades de todas las victimas. Después te hablan de la plata propia de los Macri. Eran de Bella Vista, los Graiver, los Brodsky, los Walker, todos damnificados por la dictadura, como papá, que lo mataron a 50 metros de ATC. Los Macri eran de Bella Vista, vivían...
- Por José Gabriel Ceballos * - Foto: Urgente24 En enero de 1966 el escritor y periodista Rodolfo Walsh visitó la ciudad de Corrientes con un fotógrafo. Los enviaba la revista “Panorama”, con el objetivo de escribir una serie de notas sobre la cultura popular del litoral argentino (después se trasladarían a Misiones y Chaco). Así surgió una crónica sobre los carnavales de la ciudad de Corrientes, que la mencionada revista publicó en su número 35, de abril de 1966, bajo el título “Carnaval caté”. El artículo produjo una considerable revuelo en la sociedad correntina de entonces, incluso con presiones legales contra la editorial Abril, responsable de “Panorama”. ¿Por qué? Porque en su artículo Rodolfo Walsh mostró el absurdo contraste existente entre la realización del carnaval correntino y las víctimas de la inundación del río Paraná, que en ese mismo momento estaban con sus casas invadidas por el agua a muy corta distancia del corso que a la sazón se realizó en la Avenida C...
- Por Alejandro Ippolito - Si nos entregamos a la tarea de revisar nuestros más arraigados conceptos en los que confiamos para interpretar lo que consideramos la realidad - la nuestra ¿cuál otra sino? – nos adentraremos en un recinto incómodo atestado de archivos vetustos y oxidados cuyos frondosos biblioratos consultamos con frecuencia para dar respuesta a todos los interrogantes que se nos presentan. Si tomáramos una carpeta al azar y revisáramos su contenido, de inmediato nos encontraremos con que la letra de aquellas anotaciones no es la nuestra, por lo menos en la mayoría de los casos. Tal vez seamos autores de una nota al pie, una apostilla, una referencia para recordar una relectura que posiblemente no realizaremos. Es antipática la comprobación de una injerencia foránea en nuestras apreciaciones más comprometidas. Aquello que nos conforma como sujetos, nuestro discurso, las afirmaciones que sostenemos ante cualquier auditorio con el énfasis que nos i...
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