MEMORIA > Una birome y dos palabras
- Por Ana Caliyuri - En el invierno de 1976 la muerte tejía sus hilos entre sombras, presurosa, dictaba sentencia con exageración. Hasta los ríos más pequeños tomaron la forma del Hades y sobrevino una ola de silencios extraviados en el espanto. En esas circunstancias, las ínfimas bocas y voces que lograron alzarse se tiñeron de sangre. Yo tenía los oídos afilados, pero en el mundo de las tinieblas nadie hace ruido para no despertar las conciencias ni tampoco a los ángeles. Había demasiado frío en mi derredor como para entibiar el alma. En esa celda colmada de perversidad ya el cuerpo no contaba demasiado. Como pude, a duras tientas, me alcé del colchón mientras mi bebé dormía. Mis manos libres para acariciar su rostro parecieron agrandarse. Solo tendría unos pocos minutos para estar juntos y luego, otra vez, lo inhumano, la ferocidad que con el paso de los años se acuñó en mi memoria como pesadilla irremediable. El tiempo suele jugar a la magia de alargarse o encogerse a la medid...