PAÍS > Sobre el Corso de Corrientes que se inauguró anoche

  - Por José Gabriel Ceballos * - 


Foto: Urgente24


En enero de 1966 el escritor y periodista Rodolfo Walsh visitó la ciudad de Corrientes con un fotógrafo. Los enviaba la revista “Panorama”, con el objetivo de escribir una serie de notas sobre la cultura popular del litoral argentino (después se trasladarían a Misiones y Chaco). Así surgió una crónica sobre los carnavales de la ciudad de Corrientes, que la mencionada revista publicó en su número 35, de abril de 1966, bajo el título “Carnaval caté”. El artículo produjo una considerable revuelo en la sociedad correntina de entonces, incluso con presiones legales contra la editorial Abril, responsable de “Panorama”. ¿Por qué? Porque en su artículo Rodolfo Walsh mostró el absurdo contraste existente entre la realización del carnaval correntino y las víctimas de la inundación del río Paraná, que en ese mismo momento estaban con sus casas invadidas por el agua a muy corta distancia del corso que a la sazón se realizó en la Avenida Costanera. Esto escribió Walsh en su nota: “El estado de emergencia provincial, que el gobierno había decretado poco antes por causa de las lluvias, estaba olvidado. El estado de catástrofe pertenecía al futuro de los papeles, de los borrosos planes de ayuda, ya la entraña del Paraná que en esos días iniciales de febrero se preocupa estacionario en su altura crítica, superior a los seis metros. La ciudad, alegremente, le daba la espalda”. 

Anoche, en la capital de esta provincia, se replicó tal hecho pero en modo sequía y con su carga de inmoralidad e infamia multiplicada. Mientras la provincia sufre la peor catástrofe de su historia, con alrededor de 800.000 hectáreas arrasadas por los incendios, con pérdidas siderales en su producción agraria, con su industria eco-turística diezmada por la destrucción de gran parte de los Esteros del Iberá, lo cual implica también un daño monstruoso en la fauna autóctona, mientras todo eso ocurre, SE INAUGURARON NOMÁS, ALEGREMENTE, LOS CORSOS DE LA CIUDAD DE CORRIENTES.

Ya no se trata de los pobladores ribereños del río Paraná que, como denunciaba a Walsh, debían asistir en 1966 al espectáculo de la indiferencia del “establishment” correntino frente a su desgracia; ahora son muchísimos más los correntinos damnificados por el desastre natural, están esparcidos por toda la provincia y los daños que sufren son incalculablemente mayores, además de que el mismísimo corazón de nuestro hábitat, el Ibera, está literalmente en llamas. Sin embargo, anoche, como si en torno no pasara nada, como en el mejor de los mundos, un baño de farra cundió por el “corsódromo” correntino, vibrante de redondeces emplumadas, disfraces centelleantes, espuma en aerosol, carrozas gigantescas, música de parranda y jadeos frenéticos, ante el aplauso y los vivas de un público enfervorizado.

La ciudad de Corrientes confirma así lo que Walsh ya había detectado en 1966: que es una ciudad socialmente enferma. Yo, que viví una década en ella, lo creo firmemente. No se entiende de otra manera que haya sucedido algo como lo de anoche. Una ciudad con su dirigencia y con gran parte de su población afectada por la peor de las decadencias: la decadencia cultural, que al fin y al cabo es también la decadencia moral. ¿Qué otra explicación cabe para el hecho de que, mientras de allí salen aullidos oficiales pidiendo socorro a la Nación ya otras provincias por el desastre que padecemos, mientras allí se escribió ayer mismo un decreto gubernamental declarando a la provincia zona de desastre ecológico y ambiental , en esa mismísima ciudad se baila y se joda públicamente como si nada?

Y de ello, claro, son responsables en primer término las autoridades que esa ciudad alberga.

Sé que se alzarán los más variados argumentos para contrarrestar estas líneas. Los necesarios de las autoridades mencionadas argüirán que el carnaval es un asunto privado; otros alegarán que esa ciudad no es la única de la provincia donde se festeja el carnaval; otros, que el corso permite a mucha gente ganarse unos mangos; hasta alguno me responderá que lo que aquí critico es una muestra de que el espíritu de la “correntinidad” no se rinde ante las desgracias; etc. Estupideces, bah. Si la organización está en manos privadas, el evento se realiza en un lugar público y eso alcanza y sobra para que las autoridades públicas sean responsables del mamarracho. Y hasta ahora no leí ningún comunicado oficial que dilucide cómo son exactamente las cosas en cuanto a la financiación del corso (que no hay en danza ningún subsidio, por ejemplo. ) y por qué el corso no podía aplazarse. Si en otras ciudades correntinas también se realizaron corsos (en Paso de los Libres, por ejemplo) ello sólo implica que las autoridades de tales ciudades son también personas frívolas, desubicadas e insensibles, al margen de que ninguna de esas otras ciudades es la capital de la provincia, la que representa institucionalmente a todos los correntinos. Que el carnaval es importante económicamente para Corrientes es un argumento también insostenible: el carnaval correntino no atrae ningún turismo, salvo algunas personas del interior provincial; hace mucho tiempo que ese carnaval no significa nada en materia turística. Y en cuanto a la oportunidad de que algunos vendedores ambulantes se ganen unos pesos, tampoco es un argumento válido, por lo tangencial del tema: Sería como querer justificar lo que pasó dentro del circo romano por lo que ganaran los vendedores de choripán de las mediaciones. Pero en realidad, no tengo por qué referirme a esos posibles argumentos, la cosa es tan bastante absurda e inmoral que ningún argumento puede justificarla.

Y, por si hiciera falta, dejo constancia de que esto no es un ataque focalizado en el gobierno de la provincia. En primer término es responsable la Municipalidad de Corrientes. El gobierno provincial tiene aquí sólo una culpa, digamos, accesoria de la enorme culpa medular, central, de no haber hecho nada para prevenir las consecuencias de la sequía, fenómeno que se vio venir desde septiembre u octubre del año pasado. Su tolerancia en cuanto a la joda de anoche (y de las que siguen en este carnaval) y la obvia intervención, de una manera u otra, de sus autoridades de cultura y turismo constituyen sólo la frutilla del postre.

Ayer escribi en este muro que lo simbolico resulta importante en las situaciones extremas. Churchill no hubiera podido pedir sangre, sudor y lágrimas a los ingleses con una bataclana sentada sobre sus rodillas. Belgrano no hubiera podido comandar el éxodo jujeño vestido de payaso. El corso celebrado anoche en Corrientes rompió una vez más, por vía simbólica, que la capital de esta provincia es una ciudad enferma.

* Escritor correntino que vive en Alvear (maerial compartido por Manuel Bas)

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