OPINIÓN > El mundo siglo XXI

 - Por Aníbal Diego López - 




Los humanos fuimos apareciendo como una entidad diferenciada hace cientos de miles de años, a partir del desarrollo de una herramienta que, si bien existe de manera rudimentaria en otros animales, sólo en nuestra especie fue tomando una preponderancia cada vez más significativa. 

Se trata de la conciencia. Hacerse preguntas y percibir miedos nuevos, puede haber sido una característica que implicó desafíos también nuevos. La conciencia de la muerte como el único hecho cierto al que todos deben enfrentar, hizo imprescindible la aparición de los mitos, que permitieron hacer soportable una existencia plena de penurias. “La felicidad del hombre no está prevista en los planes de la creación”... es la frase que aparece en “El malestar de la cultura” de Sigmund Freud y que sintetiza el problema con el que debemos convivir, desde el momento en que despertamos a la conciencia. Y la manera más a la mano fueron los mencionados mitos, que procuraban darle algún sentido al sufrimiento ya la aparente injusticia del hecho cierto de que todos moriremos algún día.El atajo que brindó era disfrazar a la muerte como tránsito hacia otra realidad plena de goce, a la que uno pudo acceder si cumplió con ciertas normas de comportamiento que además, brindó un marco de convivencia que diluía o mitigaba la tendencia natural que siempre tuvimos los humanos de destruirnos los unos a los otros. Pero claro, como éramos pocos y separados en grupos reducidos, cada tribu elaboró ​​sus propios mitos, que no obstante coincidieron con los de las otras. Siempre habría un matiz que validaba la discrepancia. Y cada brujo defendía su nicho porque era, no solo la manera de sostener su liderazgo, sino el orden simbólico que resulta aglutinada a la tribu.La violencia intra tribu se desplazó hacia las vecinas y las armas que eran imprescindibles para la caza, también se usaban para disputar dominio territorial. Se instaló el relato de que “nosotros” somos mejores que “ellos” y entonces debemos luchar para destruirlos y asegurar nuestra merecida supervivencia. Sin entrar en matices, esa manera de relacionarnos entre nosotros se mantiene hasta nuestros días, cosa que debería asombrarnos, no solo porque ya no vivimos en un mundo de escasez que haga peligrar nuestra supervivencia, sino porque la tendencia hacia la cooperación, que también estuvo presente desde los días primigenios, debería regir en todo el planeta, dado el poder tecnológico actual, que nos lleva a disyuntivas ciertas de destrucción… o de cambio enorme urgente de paradigma.Nos educan para la competencia, porque necesitan que seamos efectivos dentro de las estructuras que hacen funcionar al mundo. Un mundo en el que todo son “recursos”, porque integran una cadena de insumos que alimentan las estructuras productivas que suministran a los consumidores, (todos nosotros), tanto lo imprescindible, como lo superfluo. Estamos invitados a entrar a esas estructuras como recursos humanos al principio de la cadena, y como consumidores al final. “Recursos Humanos” se denomina ahora, lo que antes era “Departamento de Personal”. La palabra que deriva de “persona” desapareció. Pasamos a ser recursos. Y al ser incluidos en un conjunto de materiales que implican gastos para las empresas, se invisibiliza nuestra verdadera naturaleza.Y puede aparecer un Macri que dice que los salarios son “un gasto”... cuando son la manera que el sistema capitalista activo para que haya humanos que puedan seguir viviendo, por un lado, y que la economía de un país se mantenga funcionando , por el otro. Esta deshumanización la hemos naturalizado, lo que agrava el problema. Todos nos educamos en el paradigma universal: estudias, te esforzás y te perfeccionas para ser competitivo en el gran mercado de trabajo del país en el que vivis. 

Si sos un recurso valioso para el sistema, obtendrás una mayor porción de la renta disponible y podrás acceder a un nivel de consumo superior al de otros, que mejorará tu calidad de vida y te brindará la oportunidad de mirar a esos otros desde arriba.Y por eso la competencia aparece muy temprano en nuestra vida, incluso la llamamos “sana”. Competir en lugar de cooperar te pone en un lugar individualista. Te aleja inevitablemente del “otro”. Pero hay algo más. Si tenés que esforzarte, eso conlleva a tomar decisiones que no se vinculan con el goce. Renunciar al goce hoy, implica esperar una recompensa mañana. O sea tener algo en el futuro que te completa en el sentido del tener… ¿O del ser? Si se trata del tener, te motivarás más cuanto más careciente estés (o sientas que estas).Por el lado del ser, la cosa se pone más complicada porque experimentarte siendo menos de lo que deberías… ¿qué te puedo decir?... “Serás lo que deberás ser, o no serás nada”... frase atribuida al General San Martín que escuchamos desde chicos. O… “Dí tu palabra y rómpete”, (Nietzsche, en “Así habló Zarathustra”). Son sólo dos ejemplos que inducen a sentirse como siendo algo incompleto, de menor valor, a menos de hacer algo al respecto. Y ese algo ya está determinado con todo detalle en los mandatos familiares y sociales que nos inculcan desde que nos asomamos a este mundo. Un mundo complicado, un mundo injusto, un mundo mentiroso.Porque puede suceder que hayas hecho todo bien, que hayas cumplido los mandatos y sacrificado tus ayeres en aras de un hoy que no garpa, y deberás seguir esperando por unos mañanas que nunca llegan… O que cuando llegan, descubrís una vez más, que lo que fuiste perdiendo en tu empeño por llegar, fue mucho más importante que el premio que ganaste. Ni te cuento si naciste en un ámbito que te condenó antes de nacer. Un lugar en el que nada que hagas te salvará, y que ni te dió la oportunidad de construir algo que merezca llamarse yo, porque las cicatrices superan en número y profundidad al tejido original. En uno u otro caso lo que siempre estuvo en juego fue la posibilidad de construir tu propio yo. Alguien a quien merezca la pena mirar en el espejo.Invertiste vida para construir un yo valioso para otros… pero tal vez no tiene nada que ver con el que figuraba en tus sueños de infancia. Y en la comparacion sale mal parado. 

Tomar conciencia de esto es dramático, pero necesario. Quizás el paso anterior es animarse a percibir el vacío de tu existencia. Pero el vacío es difícil de lograr en la naturaleza y más difícil aún es animarse a asumirlo dentro de nosotros. Siempre aparecerá algún candidato para llenar ese vacío. Algo que te ayude a no pensar. Especial y con fundamento a no pensar-te. La fácil diversión y estupidizante si tenés dinero para pagarla. La acumulacion de cosas superfluas, si podes comprarlas. Acrecentar poder sobre otros,si conseguís que alguien te siga, alguien que crea en vos. Ese alguien te puede brindar la ilusión de estar cultivando esa cercanía tan especial que solemos llamar amor. Y si escribir ilusión no es trivial. Le tengo un gran respeto a la palabra amor. Si tu existencia está vacía pero no te diste cuenta porque nunca enfrentaste ese hecho, las muletas existenciales que te ayudan a sobrellevar ese verdadero drama de tu existencia son solo una manera de disimular que estás rengo en el alma. Y caminar gracias a muletas puede funcionar, siempre que recordemos que ellas están allí. Ni hablar si estamos hablando de personas.Pero estar cerca de alguien porque te ayuda a no mirar tu vacío interior y entonces te hace sentir real, no solo es un atajo por el que siempre pagarás un precio, sino que además puede ser peligroso para el otro, si decide alguna vez apartarte de su vida. Lo que hemos descrito en los parrafos anteriores son algunas de las maneras que tenemos los humanos de paliar el estado de alienacion a que nos condena el sistema, dando por supuesto que podemos elegir entre diferentes conductas. 

Pero hay casos en que las posibilidades de elegir conductas se ven seramente disminuidas, por ejemplo en el caso de las adicciones. Decimos que algo es una adicción cuando no podemos prescindir de eso sin enfrentar un sufrimiento insoportable, que en casos extremos puede llevarnos a preferir la muerte; lo cual no debería extrañarnos, porque eso que nos esclaviza, es a la vez, lo que hace que nos sintamos reales, vivos, rescatados del vacío. Podemos ser adictos a una actividad, a un sentimiento determinado, a una sustancia, a una persona… En estos días nos enteramos de decenas de muertes por cocaína adulterada. Y un número aún mayor de personas internadas con pronóstico incierto.Pero también nos cuentan que algunos de los que se salvaron gracias al sistema de salud, regresaron a sus casas… y volvieron a consumir la misma sustancia que casi los lleva a la muerte y que, por supuesto, los volvieron a enfermar. O sea, desafían a la muerte porque sin esa sustancia, para ellos, la vida es peor que la muerte. La condena sale fácil denostando a esas personas, como mereciendo lo que les pasa en una especie de siniestra meritocracia de la vida y de la muerte. Posiblemente los que condenan tan livianamente tendrán adentro vacíos como los que mencionamos antes y prefieren mirar hacia afuera para seguir con lo suyo. Ya podemos imaginarnos como será “lo suyo”. 

El corolario de esta nota es que de un mundo desquiciado como es este, solo cabe esperar que sus mandatos nos lleven al desquicio. Siguen inculcandonos mitos casi desde que nacemos, algunos inocentes tipo Papa Noel, otros más elaborados, como las religiones oficiales, que son lo que quedó de los mitos primordiales, después de siglos de aggiornamiento para intentar metaforizar los textos “sagrados”, que durante siglos fueron interpretados literalmente. O el Gran Mito del regreso a la barbarie individualista del “sálvese quien pueda” del neoliberalismo. Este es el paradigma que sigue vigente en este siglo, a despecho de los estrepitosos fracasos que siempre obtuvieron dónde y cuándo se aplicaron. Consiste en fomentar el estado de carencia en la gran masa de individuos de una sociedad.Pero no solo radicada en la tenencia de objetos, sino de manera mas profunda. Nos mostramos todo el tiempo el maravilloso mundo de los super ricos para que deseemos fervientemente acceder a él. Solo esa exhibición, meramente esa exhibición, es una dispar y una obscenidad. Porque es claramente un mundo para muy pocos. No hay manera, ante un solo planeta como nave cósmica que habitamos, de que funciona con ese nivel de consumo para todos. Entonces están publicitando un mundo para un puñado de super afortunados a los que, dicho sea de paso, nadie pregunta cómo llegó a ese lugar. Lo que implica que merecen estar allí. Y tampoco nadie advierte que la contrapartida absolutamente inexorable, es la masa que queda afuera.Muy afuera, criminalmente afuera, no solos de cosas, sino de la vida misma, para millones. Y no tanto, pero sin duda inexorablemente lejos de esa manera de vivir,para otros dominantes que alimentarán la ilusión de acercarse a consumos razonablemente apetecibles a condición de ser funcional al paradigma. 

Pero entonces surgen dos anomalías que solo pasan por alto. La primera es que el consumo de objetos cada vez mas sofisticados y caros suministra cuotas crecientes de valor personal. Eso desplaza ontológicamente el valor desde las cosas, hacia las personas en tanto poseedoras de esas cosas. La segunda anomalía es la que condiciona el acceso a ese mundo ilusorio, a esa carrera demencial por pertenecer, o al menos a mirarlos de cerca… a aceptar las reglas de ese juego monstruoso que nos lleva a la demencia a los humanos y al colapsar al planeta entero. Y por eso nada cambia de verdad en el mundo. Por eso se habla de frenar el cambio climático desde hace décadas, y cada vez estamos peor.Y de hacer algo con los que huyen de países inviables para los humanos, porque antes los hicieron viables para las corporaciones que desmantelan su economía y destruyen su entorno. O asesinaron a sus líderes para salvarlos de la barbarie, y quedan en manos de tribus feroces que disputan un territorio que antes estaba controlado desde un poder central que padecía funcionando todo, tal vez no del todo bien para nuestros valores occidentales y cristianos, pero era cosa de ellos resolverlo. Y no dejarlos mucho peor despues de gritar a los cuatro vientos que los estaban salvando. ¿Quiere un ejemplo? Libia. Un país cuyo líder fue asesinado por USA, el gendarme del mundo que decide qué es democracia y qué tiranía en el planeta, y que apoya o ataca según su arbitraje.Que mantiene bloqueado un país desde hace… 60 años. Todos los países (o casi) están en desacuerdo con ese bloqueo a la heroica Cuba… ¿Y? Y nada, porque ni siquiera desacuerdan con el bloqueo a Venezuela oa Irán. O a intentar meter a Ucrania en la NATO para cerrar el círculo de misiles en la frontera con Rusia, que para ellos parece que sigue siendo la URSS, en una reedición disparada de la guerra fría que concluyó hace 30 años. Vivir en un mundo injusto debería ser insoportable aunque a uno le vaya bien. Porque el bienestar individual rodeado del malestar de millones solo puede darse cuenta si uno se acostumbra a “mirar para otro lado”. Siguen militando el anti comunismo, porque no van a reconocer que lo que temen es un capitalismo regulado por el Estado, que es lo que funciona, con los obvios matices, tanto en Rusia como en China. Y claro, funciona mejor que las recetas neoliberales que dejan todo en manos del mercado.

Esa actitud se potencia si uno consigue ese bienestar siendo beneficiario directo de las situaciones de injusticia que condenan a esos millones. Probablemente termine adoptando una ideología que naturalice ese estado de cosas. Y como lo que uno hace, termina constituyéndolo a uno… poco puede esperarse de la calidad humana de alguien así. El lector podrá objetar que cambiar el mundo está fuera de las posibilidades de un individuo. Y tendrá razón. Pero siempre se puede hacer algo. Especialmente si nos unimos los que pensamos parecido y buscamos la manera de, al menos crear conciencia de la necesidad del cambio. La vida humana dista de ser un lecho de rosas aun teniendo todo lo necesario para vivir decentemente. Hay una tarea pendiente desde el inicio mismo de la hominización: la búsqueda del sentido de la vida, si es que lo tiene. Pero cancelar esa búsqueda ante la creencia de ya poseerlo, sea por adherir a mitos viejos remozados, o nuevos que adormecen la conciencia, conlleva un empobrecimiento espiritual que exhiben muchas personas hoy en día. Y que puede llevars a un hastío, a un nihilismo, a un bajar los brazos ante los desafíos que implica el mero hecho de vivir. O a buscar refugio en alguna de las sectas fundamentalistas que brindan esa épica que es muy efectiva para suministrar un remedio de sentido de la vida, y cuyo número de adherentes crece muy peligrosamente. Hay un paradigma de derecha radicalizado que se propaga en el mundo.Los mensajes son cada vez más precarios, casi rayos en el absurdo. Uno tiende a pensar que de tan infantiles, hijo inofensivo. Pero para las mentes adormecidas, sea porque viven un presente pleno de objetos de consumo que reemplazan antes de que se gasten; o para los desdichados que solo intentan desesperadamente sobrevivir, esos mensajes pueden funcionar. Y refuerzan los impulsos más primitivos que moran en nuestro interior, egoísmo, miedo, odio… Todos los tenemos, algunos desobedecemos sus insinuaciones en una lucha que dura toda la vida. Otros viven tan sometidos, que hasta se creen libres. 

El establecimiento comunicacional la tiene clara. Desde Goebels hasta hoy, la táctica consiste en promover el terror al pensamiento complejo. En un cerebro simple solo penetran ideas simples que conllevan emociones también simples, pero efectivas, porque vienen siendo instalados desde siempre en un machacar cotidiano y sin pausas. Si alguien leyó todo este texto con la esperanza de alguna idea que acerque un camino de solución para este drama que vivimos hoy en día… lamento desilusionarlo. No hay recetas. Solo juntarnos los que pensamos parecido, los que creemos promover el pensamiento crítico, en militar la verdad, pero no LA VERDAD… ésa que vale para todos y hay que imponer como sea.La verdad como búsqueda personal, como fidelidad a lo que creemos cierto, aunque a veces nos incomode. Esa que tendremos que matizar mañana cuando pase eso, que haya algo que nos lleve a modificar nuestras ideas. Pero es difícil contagiar estas prácticas a la cantidad de gente necesaria para que surja el cambio. Porque las ideologías están ancladas de manera profunda dentro de lo que suele llamarse “un estilo de vida”. Y reforzados permanentemente dentro de los colectivos (tribus), que la gente integra. Si alguien intenta acercarse a ideas que vienen siendo demonizadas desde hace años, (ejemplo: el kirchnerismo), puede llegar a sufrir la cancelación por parte de la tribu, costo que pocos están dispuestos a afrontar.Salvo que las nuevas ideas porten una épica que le posibilite llenar ese vacío del que hablamos antes. Transmitir ideas nuevas y contagiar épica implica que nosotros también vivamos esa épica, sin la cual, no hay cambio posible para una sociedad.

El sapiens siglo XXI perdió la épica hace rato.Por eso crecen las sectas, sin importar lo disparatadas que sean las ideas que propagan. Algunos hasta se animan a creer en la tierra plana o en la necesidad de defenderse de las vacunas. Si alguien intenta acercarse a ideas que vienen siendo demonizadas desde hace años, (ejemplo: el kirchnerismo), puede llegar a sufrir la cancelación por parte de la tribu, costo que pocos están dispuestos a afrontar. Salvo que las nuevas ideas porten una épica que le posibilite llenar ese vacío del que hablamos antes. Transmitir ideas nuevas y contagiar épica implica que nosotros también vivamos esa épica, sin la cual, no hay cambio posible para una sociedad. 

Comentarios

  1. Ya expresé mí placer de leerte en tu muro de face, lo repito acá. Me parece una saludable y necesaria lectura. Luis Zapatiel

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Gracias Luis tan amable siempre. Esta nota tiene textos agregados respecto de la que mencionas.

      Borrar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

MACRI, EL HELADERO QUE PROSPERÓ CON LA DICTADURA

PAÍS > Sobre el Corso de Corrientes que se inauguró anoche

OPINIÓN > Una patada a la MEMORIA