OPINIÓN> Los ricos de Argentina

 - Por Aníbal Diego López -



Se niegan a pagar contribuciones extraordinarias en circunstancias de ganancias extraordinarias, porque entienden que el Estado no tiene derecho a sacarles un dinero que merece estar en sus bolsillos. No piensan en que hay porciones de la población que lo están pasando realmente muy mal. Y que sacarles a los que pueden contribuir sin que su vida cambie en absoluto, para darles a los que sí necesitan empezar a vivir un poco mejor, es la única medida sensata que puede adoptar un gobierno. 

Un gobierno que en los momentos en que ellos, los ricos, tuvieron problemas, siempre los ayudó sea para que no les rematen los campos, sea para que se apaguen los incendios que ellos mismo provocan por sus torpezas, sea por inundaciones o sequías etc. Y cuando pasan esas situaciones, el estado ayuda gracias también a que hay sectores que siempre contribuyen con sus impuestos porque no evaden, no fugan, no se apropian del trabajo ajeno porque solo poseen el propio. Y son los de a pie, los de abajo que por ejemplo, con el IVA, entregan todo el tiempo el 21 % de sus ingresos. 

En las sociedades capitalistas, las empresas siempre operan bajo el mandato de los accionistas que exige la búsqueda de la máxima ganancia. Ése es el paradigma que los guía. Pedirles que acepten ganar menos para el beneficio de otros, implica esperar que reemplacen esa manera de mirar al mundo por otra más inclusiva, otra que tenga en cuenta a las personas, ésas a las que cualquier mejora en sus ingresos sí les cambia la vida. No lo harán de buen grado, particularmente en la Argentina, un país cuya clase propietaria fué caracterizada acertadamente como lumpen burguesía por un pensador de la talla de Jorge Alemán. Entonces, de nada vale intentar convencerlos de  hacer algo que contradice sus intereses, aunque sea en una ínfima medida. Solo se someterán bajo coacción, cuando no les quede otro remedio. 

Por eso los intentos de nuestro gobierno de acordar con esos sectores lo paralizan, porque de los poderosos solo cabe esperar resistencia. Si usted se sienta en una mesa de diálogo, el mensaje es que está dispuesto a negociar algo. Y no hay negociación con los que piensan de manera antagónica y que no van a ceder. Ya son demasiadas las pruebas que tenemos de que gobernar evitando los conflictos sólo retrasa la acción correcta, ésa que conduce a una sociedad más justa. Una sociedad que, al menos en sus capas más desfavorecidas, ya no admite más retrasos. Se trata de personas de carne y hueso, no cifras en una planilla de excel, cuyo desaliento y  amargura crece día a día. Desaliento y amargura, fueron las palabras elegidas por Cristina Fernández de Kirchner para finalizar su dramático discurso en la provincia del Chaco. Quien tenga oídos proclives a la escucha…  debería empezar a actuar en consecuencia.


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