OPINIÓN - Según el cristal con que se mire
- Por Alejandro Ippolito -
Cristina no habla, rebuzna. Para la oligarquía dominante una estadista brillante es una burra y un ingeniero falso es un conferencista internacional. Cristina no hace política, ella "embiste", como las bestias desbocadas. Cada acción política de ella es una embestida, una avanzada y un ataque.
Para los medios mercenarios, la adjetivación no es una casualidad, el desmerecimiento, la falsedad; en fin, la mentira es sus múltiples exposiciones cotidianas. Lo que dicen y lo que ocultan, lo que degradan en favor de los intereses particulares, el odio que instalaron hace mucho tiempo y no hacen más que sostenerlo y reavivarlo.
Cristina va por todo, avanza, atropella, embiste, choca, derrumba, rompe y tropieza.
La oposición propone, discute, es moderada y bien educada, es muy blanca y pura, es coherente y no hace más que defender la república.
Pero Cristina es mala, le quiere sacar a los ricos el producto de su legítima avaricia, pretende que los monopolios dejen de monopolizar, que los estafadores dejen de estafar, que los especuladores dejen de especular y los evasores dejen de evadir.
Es una bestia que debe ser encerrada, un mal ejemplo para todos los que creen que el poder real puede ser desafiado.
Quienes se manifiesten en las calles pidiendo más trabajo y mejores sueldos para poder sobrellevar las consecuencias del saqueo de los millonarios, deben ser apaleados, reprimidos, aplastados, encarcelados y exterminados.
Pero si los que quieren llegar a la Plaza de Mayo son los impecables terratenientes con sus tractores recién comprados rememorando las gestas anteriores de usurppación, masacre y alianzas con militares; esos deben ser aplaudidos y vitoreados por los patéticos piojos resucitados que no tienen más tierra que la que albergan en sus zapatos.
Los que se autoproclaman como jueces supremos, se eligen a sí mismos como Rosatti y luego interfieren en otro poder para desconocer leyes y reinstalar leyes derogadas en favor de los intereses económicos y políticos que representa; son celebrados por las tapas de los medios hegemónicos y cualquier intento por frenar esa burla brutal será, indefectiblemente una embestida de la cabra loca, una maniobra rastrera, una jugada que busca debilitar a la jauría cambiemita.
Es todo tan evidente que hasta resulta ridículo creer que estamos explicando algo, es solo una nueva postal de la tierra arrasada, de la epidemia de mentiras y desvergüenzas obscenas que inundan las arterias de la patria, ese territorio que muchos han reducido a los límites de su bolsillo y los demás somos, para ellos, simplemente pelusas e hilachas.

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