OPINIÓN > La empatia
- Por Aníbal Diego López -
Tendemos a pensar que las personas con las que nos cruzamos en la vida son
parecidas a nosotros. Al menos eso solía pasarme. Tal vez por una
cuestión de comodidad, porque es menos trabajo empatizar con los parecidos.
Claro que ante los diferentes, el exceso de trabajo interior constituye una
interesante oportunidad de crecer. La palabra “diferentes” conlleva a conceptos
demasiado amplios. En este caso me interesa enfocarme en distintas maneras de
mirar el mundo y la sociedad. Simplificando, algunos entendemos a la sociedad
como la oportunidad de mirar al mundo juntos, sumando a los más posibles porque
solo por el camino de la cooperación aumentan las chances de lograr una
sociedad más placentera para todos. Sabiendo que ésta es una sociedad muy
injusta, el único camino posible para vivir en ella haciendo soportable esa
injusticia es esforzarnos por cambiar eso. No hay vida que valga la pena
dándole la espalda a los excluidos del mundo.
Otras personas ponen el acento en lo individual y privilegian la competencia por sobre la cooperación. Militan una especie de darwinismo social donde se salva el más despiadado. La palabra refiere a la carencia de piedad por los que inevitablemente quedarán en el camino. Sin esa manera de ser no tendrán eso que llaman éxito. Sin duda en lo que concierne a la acumulación de cosas, son exitosos. Pero si creemos en que lo que hacemos hacia afuera nos construye a nosotros hacia adentro, a nosotros nos desagrada esa clase de humanos con los que nos cruzamos cada vez con mas frecuencia. Y que son de la clase de los que hoy en día manejan el mundo y en Argentina constituyen lo que llamamos el poder real. Con ellos tendremos que lidiar para cambiar las cosas. Lidiar viene de lidia, sinónimo de lucha. Nadie puede extrañarse, porque si tenemos en cuenta que toda injusticia social tiene detrás a alguien que se beneficia con ella, cuando intentemos erradicarla tendremos a ese alguien en la trinchera opuesta. El uso de terminología bélica no es un exceso del lenguaje porque ellos nos consideran enemigos y nos tratan como tales.
Entonces es importante que analicemos quiénes son y cómo son. Conocer al otro con el que nos relacionamos es siempre importante. Pero conocer al enemigo es imprescindible. Recapitulemos entonces. Gente despiadada, gente dura, acostumbrados a ser fuertes con los débiles y obedientes y genuflexos con los verdaderos fuertes del planeta. ¿Cuál es el mayor error que uno puede cometer en el trato con esta gente? Practicar la empatía. Esperar que acciones buenas, inspirarán buenos sentimientos por parte de ellos. No va a pasar. No suelen abrigar buenos sentimientos para con los que piensan diferente. La derecha siempre es extrema, cuando vence no tiene piedad. Y tiene un profundo desprecio por los débiles, porque para ellos la bondad no existe, es debilidad y solo merece eso, desprecio.
“La fuerza es el derecho de las bestias” tituló Juan Domingo Perón
su libro en 1956. Y eso estamos viendo en estos tiempos tan complejos de 2022
en los que se ha reemplazado al derecho por la fuerza… la de la corrupción, la
del contubernio mafioso, la de la complicidad cobarde. No practiquemos una
ilusa empatía con esta gente, nos responderán con desprecio, y se acrecentará
aún más su accionar mafioso. No busquemos consensos para que después se rían de
nosotros. Solo la fuerza los detendrá. La fuerza que surge del Pueblo
movilizado, pero también la de un poder político que esté dispuesto a enfrentar
a esos enemigos poniéndose al frente de esa lucha.
Coincido 100%
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