OPINIÓN - Con letra de carta
- Por Rosana Forgas -
En la escuela primaria
aprendíamos que había dos clases de letras: la de carta y la de molde. Yo soy
de la época en que se enseñaba caligrafía, -así que deduzcan cuantos otoños
tengo encima-. Con la letra de carta nos enviábamos mensajitos de amor con el chico con que festejábamos; mi
abuela Ina me hacía la lista del almacén y escribíamos los deberes -hoy devenidos en tareas- para la señorita Chichí -hoy
apocopada como la seño-.
Era un letra
intimista, coloquial, doméstica y debíamos dibujarla muy bien -sobre todo a los
títulos- Y la de molde es la que estaba reservada para los letreros, los
folletos, los libros, para todos lo que fueran nombres comerciales -en
mayúsculas- y era la que encontrábamos en los periódicos, en minúsculas -salvo en
los títulos-.
Sin ánimo de parecer
una todotiempopasadofuemejor, creo
que había algunas cosas que rescatar, sobre todo en el periodismo, profesión en
la que hay que tener mucho oficio. Porque los cartones sirven sólo para abrir
la cabeza, para introducir contenidos académicos, pero nunca, nunca, para
garantizar profesionalismo en ningún ámbito de desempeño laboral. Yo -¡vengan de a uno!- sostengo que eso es
-siempre- una cuestión ideológica por antonomasia.
Bueno, pero no es del
valor real o simbólico de un título universitario de lo que yo quería hablarles
hoy, sino de la letra, de la palabra, del lenguaje, del vocabulario que estamos
acostumbrados a consumir desde que algunos medios se prostituyeron tanto.
Y, entonces, desde
este rinconcito perdido entre una inmensa maraña virtual que es el Diario de
Tod@s, -una iniciativa tan inteligente como generosa de Alejando Ippólito- voy
a intentar, “en letra de carta” hacer la tarea que me propuse: contribuir a que
Juan y María, que son los que se rompen el lomo para arrimar la guitita a la
casa que les permita garantizar la dignidad de su familia, -y a los que les
está costando taaaanto, ¡carajooo!- entiendan en qué influyen en su rutina de
todos los días y sobre todo en su calidad vida, algunos de los grandes temas
que el periodismo instala y que parecen tan lejanos.
Hasta hace unos días,
esa parte del país que conformamos los más privilegiados -lo remarco siempre
aquí- no dejamos de hablar del FMI, de la deuda externa, del precio de los
commodities, de la suba de retenciones, de la fuga de capitales, en fin, de
todo aquello que muy directamente influyen en la obscena e incesante suba de
precios de la canasta básica.
Y ahora nos metimos de
lleno en los enredos palaciegos de cortesanos que se portan mal pero que, a
ojos de Juan y de María, parecieran personajes de una serie de época. ¿Consejo
de la Magistratura? ¿Corte Suprema de Justicia? ¿Qué tienen que ver conmigo? Porque
pasa que a Juan y a María no hay nadie que les enseñe por qué son temas de su
interés. Porque están escritos en letra de molde.
Y es entonces cuando
una desesperada busca algo parecido a la cursiva, entre las opciones de la
compu, para tratar de dibujar cada una de las palabras en el intento de que
puedan acceder a ese mundo que la derecha pretende que les resulte
inalcanzable. Porque con letra de molde les inventan una ficción que, entre sus
urgencias y sus carencias, se les instalan como verdades absolutas.
No hay tiempo ni ganas
luego de una jornada de 12 horas de laburo, de volver a la casa y de ponerse a
leer o escuchar las noticias.
No hay tiempo ni ganas
de interpretar lo que está pasando con el dólar ni con la institucionalidad.
No hay tiempo ni
ganas, mañana suena el despertador a las seis.
Y este universo tan
cotidiano que no pareciera importarle a algunos de los señores políticos, se
vuelve más fácil si lo explican las canosas, los leucos y los leucocitos, los
viales, todos tan minúsculos como sus escrúpulos y sus profesionalismos.
Es que alguien, en
letra de carta, debería decirles que, si se eligen mal los jueces o se eligen
jueces malos, pasan cosas como por ejemplo que sus celulares no puedan ser
considerados servicios esenciales y por eso deba pagar más por sus consumos.
O que si se eligen mal
los jueces o se eligen jueces malos el gobierno no puede tomar medidas que le
garanticen al pueblo que los precios de los alimentos estén más bajos porque
las leyes que sacan los legisladores son frenadas por entuertos judiciales que
protegen a los más poderosos. Siempre.
Es tan
sencillo…teniendo una red de radiotelevisión estatal es inaudito que haya tan
pocos espacios que eduquen al soberano y lo empoderen.
Desde luego que es
insuficiente frente al monstruoso aparato con que cuenta la oposición, ¡¡pero
no los usamos!! y no se puede entender esto que se llenen horas de programación
con la vida de los animales, clases de cocina y de geografía en una de las
épocas más jodidas de la Argentina.
En fin… siempre
empiezo esta columna relajada, entusiasmada y con Phil Collins sonando bajito
en youtube, y será por la letra de molde, por el agotamiento de la jornada o vayadiosasaberqué pero a estas alturas
me tengo que hacer el harakiri para no terminar deschabando mi impotencia.
Entonces aporreando el
teclado, decido decirles ¡hasta el próximo encuentro!
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