CULTURA > Lloran los valles su muerte

 - Por Aníbal Diego López -


                                      Miguel Ángel Estrella (foto: Télam)

Yo estaba en Tafí del Valle por razones de trabajo, tal vez el año era 1989. Hay veces en que uno está en el lugar y el momento que después será recordado para siempre. El contexto era la entrega de un piano que había sido donado para el taller de “Música Esperanza” (primera vez que me topé con ese título) por parte de los fabricantes, una cooperativa de Pilar, provincia de Santa Fe. Y la destinataria, la escuela número 28 de Tafí del Valle. Pucha, una cooperativa popular que fabrica pianos y dona uno para una escuela de música a muchos kilómetros de distancia… ¿A quién se le ocurrió esa maravillosa idea y además la llevó a buen término?

Alguien que nunca había oído nombrar, se llamaba Miguel Ángel Estrella y quien, estrenando el piano, nos explicó que la música era una sola, podían diferir los estilos, pero era un idioma universal que, dijo, nos hacía mejores personas. Y tocó Bach, tocó Haendel, tal vez Atahualpa… y cautivó a todos, lugareños y visitantes ocasionales, (como yo). 

Y después copleras y un grupo que yo tampoco conocía en esos años, se llamaba Opus 4. Desde ese momento, quizás de los más conmovedores de mi vida, y que después se prolongó en un locro al que por supuesto me colé, el nombre de este hombre humilde en su grandeza, me habitó para siempre. Y no me perdí ninguna de sus presentaciones públicas en nuestra provincia, por ejemplo en el teatro San Martín, o sus múltiples notas y reportajes… o sus encuentros con Cristina y con las Madres y Abuelas… 

Toda su vida fué una militancia en favor del encuentro a través de la música. Música que lo buscó personalmente de niño, cuando después de encontrarse con Evita, (nada menos), recibió de regalo un pianito que portaba la magia de Ella y tal vez por eso, lo inspiró a ser quien llegó a ser. Su grandeza fue además adornada por el odio de los miserables, que lo torturaron con la seguridad de estar en presencia del verdadero enemigo mortal que, para ellos, implicaba haberse atrevido a acercar la música “culta” a los humildes de la tierra.

Su partida hoy entristeció mi día… porque ya no habrá ninguna posibilidad de volver a verlo en persona. Nos queda su música, su prédica incesante en favor de los de abajo, y su ejemplo de vida que, sin duda, inspiró a miles a seguirlo.

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