OPINIÓN > Violar en sociedad, sufrir en soledad
- Por Alejandro Ippolito -
No existe la violación en manada, los animales no hacen semejante atrocidad. Los animales no drogan a sus víctimas para abusar de ellas dentro de un auto. No hacen de campana mientras los otros se turnan sobre la víctima. No hacen eso, la manada es otra cosa. La manada es solidaria, es la runión, la comunidad que convive y se agrupa para protegerse, alertarse, huir. Y atacar por hambre no por miseria, por satisfacción baja y despreciable.
Violar es quebrantar la voluntad, es una de las formas de la tortura donde el cuerpo de l@s otr@s quedan reducidos al objeto que se olvida, al rezago, al producto de consumo descartable. Es el cuerpo que nadie reclama, ni el propio sujeto violado que jamás lo recupera.
No es una manada, es una patota, una caterva de seres de la peor calaña estrellados contra el límite de la bajeza. Pero a ella no la violó este aborrecible grupo en solitario. A ella la violó la historia de las mujeres bejadas por su condición de apéndice religioso del hombre dominante. La violó cada piedra, cada escarnio, cada mensaje de venta que la expuso como cosa consumible, cada película en donde la carne en primer plano justificaba cualquier discurso.
A ella la violaron en patota, mucho más de seis miserables. La violó la indiferencia de todos los que a lo largo de los siglos, quemaron, torturaron, secuestraron, mutilaron, ignoraron, vejaron y empujaron a la locura y la miseria a las mujeres por mandato del poder omnipresente y patriarcal.
Todavía se discute en diversos ámbitos si el llamado "derecho de pernada" existió realmente en la edad media. Se trataba de un supuesto derecho legal en la Europa medieval, que permitía a los señores feudales tener relaciones sexuales con mujeres subordinadas, en particular, en las noches de boda de las mujeres. Más allá de las discusiones sobre el pasado de esta práctica aberrante, lo que parece difícil de discutir es que exista esa perversa costumbre entre patrones y empleados en las provincias más pobres, en los feudos modernos donde el terrateniente o el mandamás de una comunidad, respetado y temido, puede utilizar a su mano de obra precarizada de la forma que desee. A los subordinados, que dependen de la buena volutad de este amo todopoderoso, no les queda ni el derecho a protestar. Sucede frecuentemente en los que se conoce como abuso laboral en diferentes escenarios. Pero en determinados parajes, donde la gente pobre es menos que abono para la tierra de los dueños de todo, estas prácticas se acrecientan.
Según una nota publicada por El Tribuno con fecha 20 de agosto de 2021, una niña Wichi de 13 años, en el Chaco salteño, murió luego de haber sido abusada y de haber llevado adelante un embarazo de 8 meses en su cuerpo devastado.
Durante el 2020, según el programa de Supervisión de Salud Adolescente del Ministerio de Salud provincial, hubo 122 niñas y adolescentes de hasta 15 años embarazadas.
Según este medio: "En las comunidades indígenas del Chaco salteño los casos como el de esta niña wichi que hoy llena de tristeza esta página son alarmantemente numerosos; incluso, vecinos de la comunidad Pacará mencionaron que en la zona hay al menos 20 menores de edad cursando embarazos."
En esa zona, según investigaciones de otros medios, existe la costumbre cultural de "salir a chinear". Según una nota de Página/12: "Se le llama así a una supuesta «práctica cultural» en la que unos cuantos criollos (hombres) se juntan con el propósito de «salir a chinear», es decir, perseguir, asechar a una chinita (una niña o adolescente aborigen), tomarla por los pelos y arrastrarla al monte, donde la violan de forma reiterada y luego la tiran a su suerte. Frente a esta situación, la víctima, su familia, o la comunidad a la que pertenece, en el caso de tener la iniciativa de denunciar, se ven imposibilitados, ya que en las comisarias no toman la denuncia, con el justificativo de que se trata de «una práctica cultural".
Y en nombre de esas costumbres, culturas, prácticas recurrentes, ausencia de derechos, creencias religiosas; sumatoria de miserias arraigadas en ciertas sociedades que son un reflejo multiplicado de los que los sectores poderosos de la sociedad mundial entiende que puede hacer con el resto de la humanidad. Es el 'Me too' de las actrices de Holywood, las violación sistemática en las guerras, en las dictaduras, en los templos. Es la declaración aberrante de Neruda intentando un recurso literario en "Confieso que he vivido" cuando refiere el episodio donde violó a una mujer de las casta más bajas de la India que se ocupaba de atenderlo en una posada de aquella latitudes.
El hombre, solo, en patota, en barra, en legión, en uniforme o sotana, en guardapolvo o traje importado. El hombre que ha acumulado poder y comprado impunidad para usurpar los cuerpos mientras los justos miran hacia otro lado.
Lo que sucedió en Palermo, a plena luz, con seis personas inmundas y una pobre chica destrozada, ni siquiera es el resultado, es otro eslabón de una cadena interminable que no se romperá con una marcha solamente. No se romperá hasta que las autoridades y los Estados estén a la altura de las circunstancias y acompañen con leyes y acciones las proclamas de las mujeres siempre amenazadas.
Para información y consultas sobre derechos sexuales y reproductivos, comunicarse al 0800-222-3444 en todo el país. Para pedir ayuda: 144.
La desigualdad estructural sigue en pie, contra eso hay que seguir luchando , mientras la cultura continúe perpetuando roles , no estaremos libres de estos horrendos crímenes .
ResponderBorrarGracias por la nota.