OPINIÓN > Un tropezón que sí fue caída

 - Por Rosana Forgas -



Un accidente doméstico que pudo ser fatal, cirugías, reposo, rehabilitación y el miedo y la incertidumbre que te alejan por más de treinta días de esta realidad que te ofrece tanto -o más- dolor que el propio. Y entonces, junto con antibióticos y antiinflamatorios recetados, vos te automedicás: nada de noticias políticas hasta que “la normalidad” empiece a asomarse por tu rutina magullada por el golpe.

Porque sentías, ya desde hace un tiempo, que los comentarios de muchos analistas -de los profesionales y de los de mentirita-, empezaban -primero lenta y luego vertiginosamente- a tornarse sentencias, a lanzarse como verdades absolutas, a dispararse con la velocidad del impulso sin medir el efecto terapéutico de las palabras -y mucho menos las reacciones adversas- que provocan en una sociedad extremadamente vulnerable y vulnerada.

Esta nueva pausa en la que la vida te ponía sólo a vos, ya sin la compañía de todo un planeta detenido, te obligaba una vez más a ejercitar la mirada medio de costado, abandonando la comodidad de la platea preferencial que ocupamos los privilegiados, -esos que tenemos algo más que las necesidades básicas insatisfechas- y de verdad…no te gustó lo que viste.

Un país saliendo de una pandemia, -con una deuda interna enorme y una externa colosal- que, si bien empieza a oler menos a alcohol y a dejar ver algunas sonrisas, inaugura amaneceres con titulares que, lejos de acercarle un cacho de futuro, -tan necesario para la resurrección colectiva- parece someterlo a aprender un leguaje elitista y absolutamente ajeno a su paisaje cotidiano.

Pocas veces en nuestra historia, a la dirigencia política y al periodismo especializado se los vio tan lejos de las necesidades del pueblo. Pocas veces tuvimos una cúpula de iluminados hablando de déficit fiscal, fideicomisos, fondo fiduciario, retenciones a las exportaciones, acuerdo con el FMI, porcentaje del PBI, modelo extractivista… cuya luz ni siquiera les alumbra la factura de la energía que deben pagar los hogares más necesitados. 

Esos hogares cuyas preocupaciones y angustias no son otras que conseguir laburo, llenar la alacena, pagar el alquiler, la tarjeta del transporte, la cuota del colegio, la canasta escolar y los otros etcéteras que les oscurecen sus mañanas en forma de desconsuelo.

Ni la televisión pública, abanderada de los programas de cocina -paradójicamente en épocas en que nos enlutece pensar que más del 40% de la población tiene hambre- dedica uno solo de sus espacios a informarle al ciudadano de a pie, en qué andan los funcionarios del gobierno que votó. Qué significa toda esta movida con este yeite de la deuda que algo les inquieta, pero que gestionar la vida de todos los días le ocupa demasiado tiempo cómo para andar averiguando qué onda eso del canal Magdalena y de la hidrovía.

Ni remotamente pretende esta columna hacer un diagnóstico político de lo que estamos viviendo, ya hay demasiados y excelentes, pero si, tal vez, invitar a debatir sobre la INcomunicación, la DESinformación, que en que padecemos desde hace rato y que nos juega en contra a la hora de pretender construir masa crítica. 

Contar con una periodista como vocera presidencial que compite diariamente en juegos dialécticos con sus colegas, que se enfrenta a ellos con una suerte de pirotecnia verbal que no contempla el temario que la gente -como le llama Sergio Massa-  necesita conocer, no es ni remotamente haber mejorado la política comunicacional, por el contrario, es una muestra más de la distancia que existe entre representantes y representados. 

Y como si esto fuera poco, como si las batallas campales de las internas oficialista y opositora no bastaran para contribuir a la confusión general, ahora asistimos a un enfrentamiento entre intelectuales y famosos que, documento kilométrico va y documento kilométrico viene, les hablan a las tropas propias. Se dirigen con plumas excelsas a ese auditorio selecto que los lee y los comprende. Mientras la inmensa mayoría de la ciudadanía sigue quedando afuera y viéndola pasar, mientras piensa que compromiso gambetea para pagar el gas.

¿Será que no estamos teniendo en cuenta que el año que viene se vota?

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