OPINIÓN > Lo que está en juego.
- Por Alejandro Ippolito -
Ex presidente Macri y Christine Lagard
Debemos comprender que muchos vivimos una dimensión simbólica muy diferente a la que tienen aquellos que gobiernan el mundo con respecto a cuestiones sensibles de nuestra existencia.
Ya no hay patrias sino empresas,
ya no somos pueblos sino recursos humanos,
no hay bien común sino aspiraciones particulares,
no hay despedidos sino material descartable,
no hay soberanía sino moneda negociable,
no hay Estados sino gerencias,
no hay democracias sino simulacros,
no hay genocidas sino viejos socios del poder que deben ser recompensados.
Mientras nosotros pensamos en la muerte de Santiago Maldonado, por ejemplo, el poder piensa en hacer negocios. Mientras pensamos en la muerte de Facundo, ellos piensan en hacer negocios. Mientras pensamos en la muerte de Rafael Nahuel, en la de los 44 tripulantes del ARA San Juan, en la de 30.000 compañeros desaparecidos durante la última dictadura, ellos piensan en hacer negocios.
El poder no se instala en el gobierno para ayudar a nadie más que a sí mismo. Al poder no le interesa bajar la inflación, el déficit, el endeudamiento sideral, los presos políticos absurdos; porque nada de eso va a pagarse con sus tesoros escondidos. Se retiran momentáneamente del gobierno dejando siempre un país diezmado, marchan a ocultar sus millones malhabidos para regresar años después a enamorar a un pueblo desmemoriado e hipócrita que los vuelve a elegir, como lo ha hecho tantas veces.
Nuestro problema es la sociedad enferma que conformamos, hay mucho trabajo por hacer, mucho terreno que recuperar y derechos que restablecer. Hay medios que reconquistar y mucha inteligencia para volcar en la construcción de una alternativa sólida, duradera, a prueba de improvisados y traidores. Esa es nuestra utopía, la demanda impostergable de la historia en este momento crucial donde nos jugamos la razón de ser como argentinos.

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