DDHH > Apareciéndoles (II) - Sonreír con los ojos

 - Por Anahí Marocchi -



RICARDO Y ANTONIA

Ricardo nació en Capital Federal en 1944. Su apellido Téllez, de origen gallego hablaba de inmigraciones familiares. Quizás fue ése uno de los lazos que lo unió con Antonia, quien nació en Asturias. La conoció  en la Universidad Nacional de La Plata. Compartieron épocas de estudio y de ideales.
Él se recibió de médico veterinario con medalla de oro y ella, su pareja, su amor, su compañera, de profesora de educación física. Hay una foto en la que se los ve juntos, abrazados  con una sonrisa que desborda en sus miradas.
Tuvieron dos hijas: Andrea y Vanina.
Los tiempos en La Plata tornaron muy peligrosa, desde antes que se instalara la Dictadura. Su compromiso político con el peronismo revolucionario les significó detenciones temporarias. Ella militaba en la JUP y Ricardo en el Centro de Estudiantes de Derecho carrera que también cursó. Devino entonces la decisión de trasladarse a otra ciudad.


Ricardo, Antonia, Andrea, Vanina. Destino: Mar del Plata.


Allí Ricardo instaló una veterinaria, Ankas, que funcionó muy satisfactoriamente, mientras que Antonia daba clases en una escuela secundaria y hasta fue “la encargada de preparar con sus alumnas el famoso esquema gimnástico, de lo que fue la fiesta inaugural del Mundial 78” según cuenta una de las alumnas de ese equipo.
En las afueras de la ciudad vivían los padres de él, quienes colaboraban en el cuidado de las niñas.
Se les recuerda como una pareja cálida y solidaria en su cotidianeidad.
Tan solidaria y generosa, que según dice el historiador e investigador Roberto Baschetti asumieron en la organización la función de dar refugio a los militantes perseguidos, con el fin de ampararlos  para que pudieran seguir viaje al sur o bien salir del país. De hecho, Mabel Venegas también veterinaria, y cuyo marido había sido asesinado en La Plata por la CNU, trabajó con Ricardo en la clínica de pequeños animales de Mar del Plata, en un intento de alejar a su familia de la pesadilla de terror en la que  se había transformado la vida en la ciudad de las diagonales.
En tanto, la persecución a la pareja continúo en Mar del Plata. En cierta oportunidad llevaron a las niñas a la casa de los abuelos temiendo por su seguridad. Y el 4 de mayo de 1978 automóviles Ford Falcon sin chapa patente, se estacionaron frente a la veterinaria de Luro al 6700. Ricardo estaba operando una mascota. La dueña esperaba el fin de la intervención cuando Irrumpió en el quirófano la patota armada. Él pidió por favor que lo dejaran  concluir.  Un grupo entonces, se dirigió a la planta superior donde se encontraba la vivienda familiar, para buscar a su esposa. Por la ventana, mientras terminaba de operar, él, llorando, vio cómo se llevaban a Antonia y a las niñas. Las niñas  fueron entregadas más tarde a los abuelos.
De Ricardo y Antonia se supo que los llevaron a la Base Naval. Continuaron desparecidos hasta que fueron identificados por el Equipo de Antropología Forense en el año 2011, como víctimas de la Masacre de Luna Roja. Sus restos figuraban como NN en el cementerio Parque de Mar del Plata, junto a los de Mabel Venegas y a los de Elizabeth Kennel de Medina.
El asesinato ocurrió a días de que se cumpliesen tres meses de su secuestro.


Ricardo y Tandil. El día que el profesor no vino


Ricardo era profesor de la Facultad de Veterinaria  en Tandil y viajaba a la ciudad todas las semanas a dar clases. Era un docente prestigioso de la facultad más convocante en ese momento, a la que llegaban  estudiantes de distintas localidades a formarse. Tandil era la ciudad en la que “no pasaba nada”.
Preguntas que surgen:
En los días siguientes al 4 de mayo de 1978:
¿Qué les habrán dicho a los alumnos que se quedaron esperando sus clases? ¿Cómo habrán hecho constar su ausencia en el papeleo administrativo? ¿Ausente sin aviso como en la mayoría de los casos?
¿Cuáles de sus alumnos preguntaron por las causas de la ausencia?
Además:
¿Por qué tardó décadas la UNICEN en brindarle un reconocimiento?
Y la pregunta que más duele:
¿Cómo sería nuestro país hoy, si Ricardo y Antonia,  si todos los Ricardos y Antonias estuviesen?

 

“Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos. Sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir.”

José Saramago. Cuadernos de Lanzarote


Comentarios

  1. Gracias Anahí por contar la historia de Ricardo, de Antonia y de todxs ellxs, para que lxs conozcamos y no sean sólo un nombre.

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