Siempre el pueblo

 Por Alejandro Ippolito


Son los dueños. Ellos solos. Son los dueños. 

De lo que comemos, de lo que bebemos, de lo que respiramos, de lo que nos refresca, de lo que nos cura y al mismo tiempo nos enferma. Son los dueños. 
De nuestro primer suspiro y nuestro último aliento, de lo que nos viste, lo que nos informa, lo que nos distrae. Lo que nos miente. 

Oportunamente la naturaleza nos opuso los pulgares advirtiendo con su proverbial sabiduría que algún día nuestras manos serían estuches para celulares. Pantallas, pantallas y más pantallas para que nunca cerremos los ojos y jamás abramos las ventanas. Dedos incansables destruyendo el lenguaje con frases tan absurdas como primordiales. 
La fantasia de la fama, del ojo que todo lo ve y nos hermana. Porque son los dueños, son los laboratorios y las corporaciones, la Reserva Federal y los bancos centrales, el Fondo Monetario que no tiene fondo y los magnates del mundo con apellidos ancestrales. 

Los dueños de todo, los dueños de siempre, los inmortales. Ellos nos venden los seguros, los pañales, los automóviles, la nafta, las conservas, los vegetales, los electrodomésticos con los que nos domestican electrónicamente, los ordenadores con los que nos desordenan y nos vuelven capitalimodependientes. 
Nos venden sus religiones, las esperanzas, una parcela en el infierno o una nube confortable, nos venden la educación, el agua, el fuego, el aire, la luz que nos engaña de mañana y la niebla que se esconde por la noche. 

Porque son los dueños, porque tienen el tiempo y el dinero, porque están allí desde que nacemos y nos cambian de inmediato la leche materna por una Coca Cola que está mucho más cerca de la felicidad. Nos venden sus costumbres, nos imponen sus ritmos, sus horarios, sus urgencias, su calendario. Elos pusieron cada uno de los ladrillos del descomunal laberinto y por eso siempre ganan. A nosotros nos queda la furia, la protesta, el berrinche de los humildes. Vayan sabiendo que la patria es una idea para pobres, sólo nosotros llevamos en algún lugar del pecho esa modesta proclama. El dinero no tiene patria, no saluda ninguna bandera, la única tela que besa es la que recupera sus bolsillos. 

No hay más que eso, y por eso la tristeza, por eso el desconcierto, por eso esta agonía en la que siempre caemos. Demasiada verdad como para ser cierto, no tenemos permiso, no estamos autorizados, este país no es nuestro. Los años pasados de futuro y de Proyecto, ​​fueron un recreo, un error de carga, una simple equivocación. Eso pretenden que creamos, porque son los dueños. 

Sostengamos entonces frente a sus ojos aquello que no nos han vendido y lo poco que no pueden comprar, la dignidad de un pueblo empoderado, las consignas que ya nos hierven en las venas, los derechos que no vamos a entregarles, los estandartes que hemos levantado en estos años que quieren sepultar con el aplauso de una sociedad adormecida. Esa es la arena que recibiran en el rostro cada vez que nos quieran mutilar con un decreto, ya que nuestros representantes siguen con su siesta interminable, entonces, el pueblo, como siempre, el pueblo.

Comentarios

  1. Siempre es bueno leer a aquellos que piensan como nosotros, es necesario para sostenernos, gracias por la iniciativa. Soy Marta.

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  2. Encontrarnos es una manera de fortalecernos, ante tanto horror..No dejaremos que arrebaten los derechos que tantas vidas y sufrimiento costaron...Y que a muchos no les llegan !!! Quiero pensar que los años pasados de futuro y de Proyecto, no fueron un recreo; o tal vez sí, pero debemos recuperarlo y hacerlo eterno.
    Soy Noemi de La Plata. Abrazaso!!!

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  3. Muchas gracias a todos por el apoyo y acompañamiento. Saludos

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  4. Eso nos queda... la dignidad de un Pueblo empoderado! ¡Excelente Alejandro!

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  5. No hay nada más fuerte que un pueblo organizado ...

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  6. Muy bueno, Alejandro! Felicitaciones y muchas gracias por el blog.

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