OPINIÓN > Milagro

 - Por Sara Ortelli - 



Ayer, 20 de febrero de 2022, Milagro Sala cumplió 58 años de vida y 2227 días como presa política del régimen de Gerardo Morales. La trayectoria y la obra de Milagro, a partir de su compromiso con los más vulnerables, y de su militancia política y social, en una de las provincias más desiguales y conservadoras de nuestro país, ha sido titánica. Milagro supo construir una organización que integró a la población excluida a un proyecto de trabajo cooperativo, que permitió el acceso a la vivienda, a la salud, a la educación, al disfrute y al ocio. Milagro fue una verdadera hacedora de la democratización del goce para el pueblo, que es la más bella definición de peronismo.

Sabemos que los nombres, las denominaciones, no son cuestiones arbitrarias, sino que responden a la manera de pensar y entender el mundo, la sociedad y las relaciones de poder; implican posicionamientos ideológicos y políticos. Milagro llamó a su organización Tupac Amaru, en el contexto de una sociedad colonizada, racista, excluyente, clasista, discriminadora y autoritaria. Tupac Amaru, símbolo de lucha contra la opresión colonial, de emancipación y libertad, con el que reivindicó la raíz indígena originaria de la mayor parte de la población jujeña, y cuestionó las bases mismas de la construcción de la historia nacional y provincial, profundamente eurocéntricas y etnocéntricas. Esa construcción de la historia que había colocado a los sectores indígenas y populares en un lugar de subalternidad y subordinación, tanto en términos materiales como simbólicos. Milagro visibilizó a los nadies, les dio voz. Milagro construcción identidad y dignidad.

Pensaba en todo esto, mientras transcurría mi ceremonia de cada domingo a la mañana: el mate y los diarios, con un sol aún tibio entrando por la ventana de la cocina, y la compañía perruna de Alu. En Página 12, un lúcido Mario Wainfeld, decía acerca de la educación en la Argentina de hoy: “El sistema educativo precisa reformas, rotura, ser puesto patas arriba, hasta revoluciones. No es sensato pensar que los cambios imprescindibles surgirán del consenso entre quienes demolieron el estado benefactor, persiguieron a los sindicalistas, privaron de bienes y derechos a los pibes, favorecieron a los especuladores, fugadores o evasores”. Ahí mismo recordé (porque el tema de la educación, en general, y de la enseñanza de una historia crítica, situada y decolonial, en particular, me desvelan) un texto acerca de los institutos de educación primaria, secundaria y terciaria creados por Milagro. Entre 2003 y 2015, se había construido el secundario acelerado Germán Abdala, el terciario de la Tupac Amaru, el común secundario Olga Márquez de Arédez (una de las primeras mujeres de Jujuy que llevó adelante las rondas de las Madres de Plaza de Mayo) y la escuela primaria con nivel inicial Bartolina Sisa. Cada uno de esos nombres tiene un sentido de lucha, memoria, verdad y justicia, dignidad, soberanía, emancipación; cada uno de esos nombres interpela a la historia oficial de matriz liberal.

En la secundaria de la Tupac, además de las materias correspondientes a la currícula oficial, se dictaban “Historia del Movimiento Obrero”, “Historia de los Pueblos Originarios” y “Autoestima”, que terminaron siendo transversales a varias materias. Rodolfo Walsh había dicho alguna vez: "Nuestras clases han dominado procurado siempre que los  trabajadores  no tengan  historia, no tendrán doctrina, no tendrán héroes ni mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores. La experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan”. Milagro entendió la necesidad de formar a los jóvenes en el conocimiento de ese hilo conductor que es la continuidad entre las luchas populares en diversos momentos de nuestra historia. De la misma manera, se dictaba una materia referida a los pueblos originarios, que habían sido invisibilzados en el proceso de construcción del estado nación de fines del siglo XIX ya lo largo del XX, para reivindicar la raíz nativa en la conformación de la sociedad argentina y latinoamericana. 

A sí, los estudiantes que provenían, en general, de sectores populares, con alto grado de vulnerabilidad social y exclusión del sistema educativo, encontraron una educación con trato humano, con conciencia social y formas de recuperar la autoestima. Y, en este punto, una vez más, la sensibilidad de Milagro. En mayo de 2003, cuando asumió la presidencia Néstor Kirchner, uno de los invitados de lujo, Fidel Castro, dio una conferencia ante miles de personas en escalinata de la Facultad de Derecho de la UBA. En aquella oportunidad, como registra -otra vez, Mario Wainfeld- Fidel dijo:“Cuánto sufre un analfabeto, no se lo imagina nadie; porque hay algo que se llama autoestima, que es más importante, incluso, que los alimentos (…) Calidad de vida es patriotismo, calidad de vida es dignidad, calidad de vida es honor; calidad de vida es la autoestima que tienen derecho a disfrutar todos los seres humanos”. Y Néstor incorporó la autoestima a su vocabulario. Una palabra que no provenía del diccionario tradicional del marxismo ni del lenguaje peronista, sino más bien de la psicología o la autoayuda. Autoestima en el sentido llano del término, aquel que apela a la valoración positiva que se tiene de uno mismo y que puede proyectarse al conjunto social a través de la idea de un pueblo orgulloso de su lugar en la historia y en el presente.Como expresa Sandra Russo: “Ese orgullo que Milagro impregnó en la Tupac proviene de la reversión de ciclos de humillación ancestrales. En sus escuelas, aprenden niños, jóvenes y adultos que no son menos que otros (…) El orgullo es para los que decidir moverse juntos y lograr conquistas”.

Quizá por todo esto, el gobierno de Morales mantiene presa a Milagro desde el 16 de enero de 2016. También arrebató a la Tupac las escuelas en 2017 y destruyó gran parte de su obra. Pero no ha podido con Milagro, con esta mujer indígena, orgullosa, valiente, militante, inteligente. No ha podido con esta mujer, “la Flaquita”, como le dicen cariñosamente, única e irrepetible, cuyo nombre y apellido se escriben en singular. Y no ha podido -ni podrá- con todos y todos los/as que seguimos denunciando la arbitrariedad y la injusticia de su encarcelamiento, y pidiendo por su libertad.

¡Abrazo, Milagro! Te queremos libres!

 

Referencias:

Alejandra Dandan, “La escuela desde el territorio”, 20 de marzo de 2017

Sandra Ruso, “El orgullo de Milagro”, Página 12, 23 de enero de 2016.

Mario Wainfield; “Las virtudes del sistema educativo negadas por la historia oficial”, Página 12, 20 de febrero de 2022.

Mario Wainfield, Kirchner. El tipo que supo , Buenos Aires, Siglo XXI, 2016.

Rodolfo Walsh, “Cordobazo”, “Periódico de la CGT de los Argentinos”. Colección Completa. Números 1 al 55, mayo de 1968 - febrero de 1970 (En línea)


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