MEMORIA Y BALANCE > Más gorilas que cristianos
- Por Alejandro Ippolito -
Ilustración: Carlos Pinto
La religión es para unos cuantos un ejercicio habitual de la hipocresía.
Es frecuente observar al reconocido "chupacirios" moverse con soltura en ceremonias a las que adhieren de forma mecánica suponiendo torpemente que la repetición de ciertas fórmulas convencen a las autoridades celestiales. Me resulta triste el discurso mentiroso de los jubilados de "Dios, patria y familia" cuando no respetan ninguna de las tres entidades mencionadas. El hipócrita citado se pela de buena gana las rodillas en bancos fatigados de iglesias a las que asiste con frecuencia para dejarse ver mientras da rienda suelta a sus peripecias espirituales. Pero a Dios lo tienen cortito y mucho más a su hijo pelilargo y zurdito, ese tal Cristo que muchas veces no se les acomoda con sus sentimientos más íntimos.
Todo eso de los pobres y el reino de los cielos se lo tragan a regañadientes, eso de enojarse con los pobres negociantes que montaron un mercado en el templo, lo de poner la otra mejilla o no poder arrojar la primera piedra; les hace un ruido insoportable en la mitad del pecho, justo allí donde llevan a la vista de todos el crucifijo dorado.
El Cristo de los humildes, el que multiplica los paneles o defiende a las rameras, el que se ocupa de los necesitados en lugar de perder su tiempo con los poderosos, como corresponde, no les gusta tanto.
¿Pero qué le vamos a hacer?, si hasta los genocidas comulgaban piadosamente y unos cuantos cómplices de la Iglesia les purgaban sus pecadillos mirando convenientemente para otro lado.
Pero todo tiene un límite, y la alegría por la historia de un Papa argentino que hizo que los pechos orgullosos de los adoradores del Opus Dei y otros tantos creyentes de pacotilla se tiñeran de amarillo "Vaticano" - que hacía oportuno juego con el tono de sus esperanzas políticas - pronto se transformó en desconcierto y furia.
De a poco fueron incomodándose con ciertas críticas al capitalismo, a las posesiones, a la acumulación y el egoísmo, cosas muy apreciadas por la oligarquía católica y, por reflejo, al mediopelo nacional que inhala los efluvios televisivos de TN.
Ya resultaron insoportables sus reiterados encuentros con la "dictadora" Cristina (con carta de Alfredo Leuco retándolo de por medio) pero lo imperdonable, lo que puede representar la nueva crucifixión de la cristiandad en la figura de un Papa traicionero al grito de 'liberen a los Lanata y sacrifiquen al falso profeta' fue su regalo a una "piquetera K".
Los impresentables votantes de "cambiemos" juntaron firmas para declarar a Francisco como persona no grata y personalidades "notables" de nuestra vida política y cultural se manifestaron indignadas como la ilustre Pamela David que amenazó incluso con abandonar la Iglesia (??!??!?) o Elisa Carrió que acusó al Papa de incitar a la violencia por enviarle un rosario a Milagro Sala, una subversiva enemiga de la causa macrista que es el más fiel reflejo de la tarea cristiana - pero es K y con eso basta para arrojar la primera piedra y todas las demás -.
Realmente cuesta creer que ésto haya pasado, y peor aún, que siga pasando. Siempre podemos esperar de ciertos personajes reacciones furibundas, infantiles, desesperadas, exageradas; pero nunca tamaña muestra de miseria humana.
Es desolador, es el beso de Judas por treinta monedas, la negación antes que el gallo cante, el disfrute embriagador por el sufrimiento del otro, la más rancia hipocresía de un sector social abominable.
Perdónalos Señor…aunque saben muy bien por qué lo hacen.
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